Intercambios de disparos desafían “gestión de paz” de jefe Policía
/mipais.com.do/
El asunto se ha vuelto mecánico, quizás porque por la frecuencia con la que ocurren los enfrentamientos, quedan pocas formas de plantearlos, quizás porque se han vuelto cotidianos y ya no causan sorpresa.
Aunque cuando fue juramentado tendió un ramo de olivo a los detractores de la Policía y aseguró que su gestión sería de paz, el mayor general José Armando Polanco Gómez, ha sido recibido por una cadena de muertes provocadas por sus agentes en alegados o reales intercambios de disparos con personas que de inmediato son presentadas a los medios de comunicación como delincuentes y en muchos casos esos informes van acompañados del “amplio prontuario delictivo” de los caídos.
“Como los muertos no hablan, es fácil decir que son delincuentes. A mi hijo lo mataron cuando iba a distribuir unos embutidos en el camión de la empresa para la que trabajaba. Lo que pasó solo lo saben los policías que lo mataron junto a su ayudante”, narra Lucía Pérez, la madre de un joven abatido por la Policía en Santiago.
A los dos meses de la jura, Polanco Gómez cambio el lema de gestión de paz por el de actuar con mano de hierro y de exhortar a dejar el crimen, de pedirle a los delincuentes que dejen su oficio, pasó a alertarles que los enfrentaría con dureza.
En esta gestión policial, que lleva seis meses han muerto a manos de la Policía 79 personas, según los informes periodísticos basados en notas de prensa que envía la misma entidad.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos censura la práctica que asegura que en la mayoría de los casos no se trata de intercambio de disparos, sino de ejecución.
“Muchas veces los casos son demasiado claros, y aun así alegan intercambio de disparos, los ejemplo sobran y nuestra lucha siempre ha sido para que se respete la integridad física y la dignidad de las personas”, expone el presidente de la entidad, Manuel María Mercedes.
Tal como dice, los ejemplos están ahí y
en muchos casos, la misma población sale a testimoniar que no ha habido enfrentamientos.
“El miércoles mataron a un muchacho e hirieron a otro y ahora vienen a decir que fue un intercambio, cuando hay un vi
deo que muestra que iban en una ‘passola’ y que después de que cayeron al suelo fueron baleados”, cuenta Mercedes Roa.
Habla del caso registrado la semana pasada en Nagua, en el que además de matar a uno de los jóvenes y de herir a otro que
está grave, agentes policiales tirotearon el viernes el cortejo fúnebre.
La Fundación Institucionalidad y Justicia reclama una profilaxis en la Policía y considera que hay que tomar medidas drásticas, puesto que hay muchas manzanas podridas que deben ser apartadas.
El vicepresidente de la entidad, Servio Tulio Castaños Guzmán, indica que debe hacerse un trabajo serio, responsable que concluya con un organismo distinto, transformado, que asuma su rol de velar por la seguridad ciudadana.
El asunto se ha vuelto mecánico, quizás porque por la frecuencia con la que ocurren los enfrentamientos, quedan pocas formas de plantearlos, quizás porque se han vuelto cotidianos y ya no causan sorpresa.
Aunque cuando fue juramentado tendió un ramo de olivo a los detractores de la Policía y aseguró que su gestión sería de paz, el mayor general José Armando Polanco Gómez, ha sido recibido por una cadena de muertes provocadas por sus agentes en alegados o reales intercambios de disparos con personas que de inmediato son presentadas a los medios de comunicación como delincuentes y en muchos casos esos informes van acompañados del “amplio prontuario delictivo” de los caídos.
“Como los muertos no hablan, es fácil decir que son delincuentes. A mi hijo lo mataron cuando iba a distribuir unos embutidos en el camión de la empresa para la que trabajaba. Lo que pasó solo lo saben los policías que lo mataron junto a su ayudante”, narra Lucía Pérez, la madre de un joven abatido por la Policía en Santiago.
A los dos meses de la jura, Polanco Gómez cambio el lema de gestión de paz por el de actuar con mano de hierro y de exhortar a dejar el crimen, de pedirle a los delincuentes que dejen su oficio, pasó a alertarles que los enfrentaría con dureza.
En esta gestión policial, que lleva seis meses han muerto a manos de la Policía 79 personas, según los informes periodísticos basados en notas de prensa que envía la misma entidad.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos censura la práctica que asegura que en la mayoría de los casos no se trata de intercambio de disparos, sino de ejecución.

“Muchas veces los casos son demasiado claros, y aun así alegan intercambio de disparos, los ejemplo sobran y nuestra lucha siempre ha sido para que se respete la integridad física y la dignidad de las personas”, expone el presidente de la entidad, Manuel María Mercedes.
Tal como dice, los ejemplos están ahí y
en muchos casos, la misma población sale a testimoniar que no ha habido enfrentamientos.
“El miércoles mataron a un muchacho e hirieron a otro y ahora vienen a decir que fue un intercambio, cuando hay un vi
deo que muestra que iban en una ‘passola’ y que después de que cayeron al suelo fueron baleados”, cuenta Mercedes Roa.
Habla del caso registrado la semana pasada en Nagua, en el que además de matar a uno de los jóvenes y de herir a otro que
está grave, agentes policiales tirotearon el viernes el cortejo fúnebre.
La Fundación Institucionalidad y Justicia reclama una profilaxis en la Policía y considera que hay que tomar medidas drásticas, puesto que hay muchas manzanas podridas que deben ser apartadas.
El vicepresidente de la entidad, Servio Tulio Castaños Guzmán, indica que debe hacerse un trabajo serio, responsable que concluya con un organismo distinto, transformado, que asuma su rol de velar por la seguridad ciudadana.
