Un paseo a Puerto Hermoso desde San Cristóbal

Por: Luis Perozo Barinas

La ciudad de San Cristóbal se ubica entre altozanos y cerros replegados en la base de la Cordillera Central, donde se extiende un valle que hiende los ríos Haina, Nigua y Nizao. El trayecto de Aribaldes desde aquí hasta la apartada zona de deslumbrante entorno costero llamado Puerto Hermoso fue de apenas tres cuartos de hora. En la ruta, más al suroeste, deja atrás la ciudad de Baní, siguiendo una sinuosa carretera flanqueada por predios agrícolas de diversos cultivos, destacándose los árboles de mango con copas de verde oscuro que contrastan con un fondo panorámico de montes lejanos, secos e imponentes.

La tala indiscriminada de árboles madereros como la caoba y el guayacán, la cría de chivos y la presencia de puercos cimarrones tuvieron un impacto ambiental que se extiende en esta sabana, ahora árida y pedregosa.Los médanos impresionaron a Aribaldes poco antes de llegar a Las Salinas, poblado de pescadores y salineros.

Aquella mañana en Puerto Hermoso era, y aún es en la memoria de Aribaldes, una seducción a los sentidos. Ninguna pincelada antojadiza de cirros muy dispersos en aquel cielo desbordantemente azul y quebradizamente claro desentonaba. Auras marinas agitaban desbocadamente las aguas de aquella bahía contenida ante mansas dunas, manglares y cerros solitarios. Impreciso entender donde comenzaba o concluía toda la imagen.

Fascinado con la contemplación del lugar, caminó hacia un atracadero que no aseguraba equilibrio alguno, pero allí, entre los pilares de derruidas maderas salpicadas de salitre, las torcidas olas encontraban alguna forma de pausado ritmo. Entró en ese amarradero que sobresalía de esas aguas con tantos matices azulados y cargadas de incontables pececillos. En aquellas orillas plateadas se extasió de esta naturaleza asombrosa.

Allí le narraron que en esta bahía tuvieron que protegerse dos navíos españoles de un mal tiempo rumbo al cacicazgo de Jaragua en 1499. Y que también se refugió aquí el Almirante Cristóbal Colón el 30 de julio de 1502 en trayecto a Jamaica por causa de un ciclón. Ese mismo año se inició la explotación de las salinas en Puerto Hermoso, nombre éste dado por el mismo Almirante.

A su regreso a San Cristóbal llevó consigo una de las más gratas y estimulantes experiencias de su vida. Transitar sin prisas esta admirable comarca de tan apasionante geografía tropical. Concluyó que las mágicas noches de luna llena en Puerto Hermoso, recorriendo sus manglares en una de las diversas barcas disponibles en el ancladero, difícilmente tienen igual en nuestras costas antillanas.
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