La "suerte" de Félix Bautista y el Estado lotería

Carlos Segura, sociólogo

En las sociedades de oportunidades y movilidad social ascendente el paso de pobre a rico (legal y socialmente aceptado) es siempre el resultado de una combinación de factores (ingenio, muchos años de trabajo, suerte…)

La posibilidad de que un humilde sastre de pueblo se convierta de la noche a la mañana en un portentoso empresario ( siempre en el marco legal y socialmente aceptado) se encuentra solo en el Loto 6/49: Una posibilidad sobre 13, 983,816 (trece millones novecientos ochenta y tres mil ochocientos diez y seis).

El Loto 6/49 es un juego de lotería variable, donde los premios son calculados según las ventas y el número de ganadores en cada categoría.

En este juego, la entidad propietaria del Loto, uno o un reducidísimo número de personas se alzan cada semana con el dinero de cientos de miles o millones de jugadores.

El Estado dominicano funciona casi de la misma manera, pero con una terrible imperfección: Los ganadores son siempre los organizadores del Loto, los jugadores no entran en el globo. Como en la lotería descrita por García Márquez en el Otoño del Patriarca, todo está organizado para que gane siempre el dictador.

Solo que en el imaginario país del escritor colombiano la suspicacia de sus habitantes forzó a los organizadores del sorteo a hacerlo frente al público y a utilizar tres niños que subían a un escenario y cogían cada uno una bolita que mostraban al público y de esta forma probar la seriedad del juego; pero como la ley hace la trampa, los niños tenían instrucción de coger solo las bolas frías, para que siempre ganara el patriarca.

Los organizadores de esta lotería y el patriarca no pudieron evitar sin embargo que los niños informaran a sus padres del engaño, lo que produjo un gran caos, que dio lugar al acuartelamiento de los niños y al posterior asesinato tanto de los niños como de los militares que los asesinaron, ya que para mala suerte de de estos últimos el patriarca terminó convencido de que había órdenes que no se podían cumplir.

Aquí, en este otro país del Caribe propio del realismo mágico, la gente también es extremadamente suspicaz y sabe muy bien que esta lotería es una falsa, pero cierra los ojos frente el engaño. Y, sin que nada pase, cada semana sale del dinero de los contribuyentes un nuevo rico o el incremento de la fortuna de un funcionario influyente y, claro, el afianzamiento de la ilusión entre los millones de jugadores de que la suerte puede tocarle hasta a un humilde sastre de pueblo.

¿Cómo explicar que millones de jugadores acepten esta falsa como el estado normal y natural de las cosas?

Esto solo tiene una explicación: En este Estado lotería el gobierno de turno ha utilizado todo su poder, todo el control que ejerce sobre todos los sus principales organismos y los enormes recursos que controla para repartir prebendas al granel y crear la ilusión de que todos podemos llegar un día a ser parte de la entidad que organiza el Loto y, por qué no, hasta de tener la “suerte” de sacarnos el premio mayor varias veces, como el afortunado dirigente peledeista Félix Bautista, a quien este Estado lotería honra su condición de sastre otorgándole jugosos contratos a su medida y un puesto de senador que le brinda protección legal, por si a alguien se le ocurre cuestionar su “suerte”.

El desmantelamiento de este Estado lotería pasa por la construcción de una cultura de trabajo que de lugar a la emergencia de miles de empresarios (grandes, medianos y péquenos empresarios capaces de crear riquezas donde tienen que crease: en la esfera económica.

En ese escenario, el rol del Estado, que tendrá que ser mucho más pequeño que el actual, sera de regular y facilitar la actividad económica, no la de fuente originaria de capital y generación de bochornosas desigualdades sociales.
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