¡Coño, diablo llévame ya que Dios no lo hace!‏


En la ciudad de Barahona hay muchos casos como estos, mientras políticos del partido oficialista y  funcionarios del gobierno preparan el camino para la campaña electoral, en la que visitarán a los jodidos para que voten por ellos. (NB).

Por Tony Pina

En un país donde en Salcedo, una tierra tan fértil como todas las tierras del Cibao, haya una mujer de nombre María Altagracia Valentín viviendo en la pobreza extrema a orillas de una cañada, con una casita de hojalatas, cartón y hojas de zinc oxidadas, y haya un presidente donde de cada diez habitantes 8.9 digan que es bueno y que va por buen camino, yo no quiero vivir y mejor me preparo para irme de esta vaina.


En un país donde esa misma señora, con apenas 29 años tiene 3 hijos y su marido es un pintor de "brocha gorda" y no encuentra la chiripa del día para mantener a sus vástagos, yo me voy y dejo que otros disfruten contemplando esa vaina.

En un país donde María no está pidiendo una casa de tablitas más segura, sino que aspira a comer como todo ser humano y que sus hijos puedan ir al menos a la escuela, yo no quiero vivir ni de lejos.

En un país donde ella no está pidiendo nada, sino reclamando el derecho a la vida, a la educación y a la salud, derechos consagrados constitucionalmente, y nadie le hace caso ¿porque a quién le interesa lo que esa mujer está viviendo?, yo de veras que mejor estoy preparando mis maletas para irme bien lejos.

María Altagracia Valentín solo le "pide" a la vicepresidenta Margarita Cedeño de Fernández, ésa misma que intenta sustituir las aspiraciones de su marido aunque adolece de condiciones y no puede hablar cinco minutos seguidos y antes lo hacía era por la magia de una maquinaria mediática bien pagada; y también esta mujer hace extensivo sus ruegos a la Primera Dama, la esposa del presidente Danilo Medina, para que vengan en su ayuda; en un país así, de indolencias, mejor prefiero irme bien rápido de esta vaina

María vive en el sector El Matadero de Salcedo, es un barrio marginado de callejones y donde no se le pone nombre ni números a las casuchas, por si algún lambón de este gobierno y del partido oficial quiere callarme la boca y se digna en localizarme y, al menos, despejar el camino de espinas en que las complicidades oficiales lo conducen irremediablemente al infierno.

Ella, con vehemencia y ruego dice, "mi marido pasa más tiempo en las esquinas del barrio que trabajando, porque ya ni los trabajos a destajo o informales aparecen en Salcedo".

Ella repite lo que digo, "no le pido una casa nueva al gobierno, ni nada parecido, sino que me ayuden a ponerles tablitas a ésta, ya que desde que caen aguaceros llueve más adentro que afuera".

Yo quisiera saber cómo ponen la cara estos bandidos y bandidas, de aquí y los que están como unos parásitos en Nueva York, con carguitos en el Consulado, qué es lo que pueden decir, que no sea maldecirme y decirme hijoeputa, porque me ven como un enemigo y no como una persona identificada con los anhelados reclamos de mejores condiciones humanas para gente que, como María Altagracia Valentín, sólo aspira a vivir con dignidad, como lo establece y obliga a los gobiernos de turno la Constitución dominicana.

Lo que sí les digo, es que me voy, y me voy pronto, pero no a vivir como las rémoras, ni menos donde están dominicanos!

Nota: No me hable ningún cristiano de esto, que también estoy cansado de tanta hipocresía y sé que del miedo hacen negocio, y mejor les deseo que San Ramón los saque con bien en el juicio final, ¡buenos fariseos! (Tony Pina)

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