El derecho de equivocarse
Por: AGUSTIN PEROZO BARINAS*EL AUTOR reside en Santo Domingo.
El derecho de equivocarse lleva a la decepción y la ruina. No tiene otras consecuencias. Hay jóvenes que entran, año tras año, con derecho al voto al sistema y que son presa fácil del discurso demagógico de los politiqueros.
En un sistema democrático un votante sin suficiente tino para evaluar y desentrañar las propuestas programáticas de los candidatos en un torneo electoral es maleable a promesas demagógicas de viejo cuño pero de probado resultado y en el peor de los casos con dádivas y prebendas que a fin decuentas no es otra cosa que echar un hueso a cambio de la masa.
Recientemente se publicó un artículo en un matutino que enunciaba: “La reiteración de una conducta honesta en medio de una sociedad sustancialmente corrupta, puede verse como una gran vagabundería, pues exponerse a ser destruido moral y materialmente enfrentando la corrupción, es dejar a nuestras familias desprotegidas en forma poco responsable.”
Si tomáramos en serio ese supuesto, ¿quién entonces promoverá la ética en el manejo de los recursos del Estado? ¿el que roba o el que lo denuncia? El bienestar de nuestros hijos no debe procurarse con corruptelas. Pero el que así quiera y pueda hacerlo que cargue con su caída. Superiores son los que inculcan el estudio y la formación familiar rescatando aquella frase: “Estudia y no serás cuando crecido, ni el juguete vulgar de las pasiones, ni el esclavo servil de los tiranos.”
Un pueblo con pobre enseñanza es como un niño travieso e irreflexivo.Actúa por emociones e instintos básicos, no por razonamiento ni discernimiento lógicos, pues le falta aún desarrollar suficientemente sus herramientas intelectuales para ejercer con criterio y compromiso su derecho al voto. Que una población con el voto manipulado decida su destino es como poner al cuidado de la casa a un escuincle con una caja de fósforos en mano.
Sin embargo está en su derecho votar como le plazca en el sistema “para contar narices” como lo definió Nietzsche, pues en su entendimiento las consecuencias negativas, si las hubieran, llegarían después o especula que talvez no le afecten en lo absoluto. Su sentido de inmediatez marca todo suaccionar. Gratificación presente, nada de “mañana”, que quizás nunca llegue.
En el otro extremo tenemos un régimen “democrático” y sus patrocinadores que justifican y escudan este estado de cosas. Un reino entre el desafuero y el despropósito de aquellos que se benefician ampliamente de este método embaucador que garantiza su permanencia parasitaria.
La sociedad sufragante no contaminada, la que puede producir cambios reales, debe reaccionar ante la arbitrariedad y exfoliación a que ha sido sometida durante décadas luego de la muerte física de Trujillo en 1961. O seguiremos bailando como autómatas al mismo tono disonante sorteando lo evidente hasta quela cruda realidad nos toque directo al bolsillo. El derecho del pueblo de equivocarse no puede coartarse. Pero las consecuencias las pagamos todos, justos por pecadores.
El derecho de equivocarse lleva a la decepción y la ruina. No tiene otras consecuencias. Hay jóvenes que entran, año tras año, con derecho al voto al sistema y que son presa fácil del discurso demagógico de los politiqueros. Una educación de calidad iluminará estas mentes para que no sean objeto conducente a lo reiterativo.
La juventud compone una determinante proporción del poder de voto en nuestro país. Constituye más de la mitad de la población total. Si no es tutelada apropiadamente ejercerá su derecho de equivocarse varias veces, cada cuatro años y en suficientes períodos hasta la disolución, antes de que pudiese ser una realidad consumada, del genuino Estado Social y Democrático de Derecho en República Dominicana, proceso del cual ya tenemos síntomas ciertos.
agustinperozob@yahoo.com